lunes, 5 de diciembre de 2016

Mi escritorio, mi prisión.

Este es un martes aburrido como cualquier otro en este escritorio pequeño de 1 metro x 80cm.
Este pequeño lugar es mi prisión sin barrotes.
Una cadena inalámbrica me detiene en esta grisácea prisión de 4 paredes.

Afuera el día es tan hermoso y soleado y desde la ventana alcanzo a contemplar un bello cielo azul totalmente despejado, producto de un día anterior totalmente lluvioso, frío y gris.
Si bien es cierto que después de un día triste de lluvia y frío le viene un día hermoso, soleado y templado.

Siento que mi vida actual en esa oficina aburrida es como ese día anterior y por eso vivo con la esperanza de romper esas cadenas invisibles que me tienen amarrado a mi escritorio y disfrutar de esa tarde despejada por siempre.

Esas cadenas que me amarran son la constante vigilancia de los jefes carceleros, mis adeudos, mis limitaciones en mi mentalidad, mi cobardía, mis pocas ganas de buscar algo mejor y el vivir del que dirán por parte de mi familia y demás gente que me rodea.
Todos piensan que tengo una vida de éxito por trabajar ahí y ganar dinero, pero si sigo así me moriré de tristeza y amargura ahí sentado 10 horas seguidas al día frente al monitor viviendo bajo la constante amenaza de que se extienda mi jornada sin previo aviso.
De nada sirve tener dinero si lo que me falta es libertad y tranquilidad.

Si tan solo tuviera esa valentía de tirar ese escritorio y dejar de malvivir así como estoy perdiendo 10 horas de mi vida al día, mi vida sería más tranquila y feliz.

La puerta siempre está abierta y a cualquier momento puedo agarrar la llave de mi coche y salir a toda velocidad para nunca volver. Solo espero que llegue el día en que me arme de valor para hacerlo.

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